Sabemos que cada niño sigue su propio ritmo; así también lo hace en el lenguaje, pero hay una serie de signos que será conveniente observar pues nos alertarán de que algo no marcha bien:
Que un bebé sea silencioso y no balbucee durante los primeros meses.
Que entre los 12 y 24 meses no comprenda órdenes sencillas (señalar con el dedo algo que se le nombra, negar con la cabeza, decir adiós con la mano,...) ni desarrolle una jerga (un habla) espontánea.
Que, alrededor de los 2 años, no pronuncie palabras parecidas a las del lenguaje establecido.
Que sobre los (Leer más)



